Siempre me han gustado los bolsos bien diseñados. No los compro por impulso ni salgo expresamente a buscarlos. Pero si uno me llama, si me dice algo de verdad, lo pienso... y si me sigue diciendo lo mismo después de un rato, termina por venirse conmigo a casa.

A lo largo de los años he invertido en bolsos de buenas marcas, con diseños cuidados, materiales de calidad y ese punto especial que hace que digas "lo quiero". Y los sigo consevando todos. Forman parte  de mi historia y de mi forma de entender la estetica y el cuidado por las cosas bonitas y bien hechas.

Pero desde que empecé a crear mis propios bolsos, algo cambió.

Y lo curioso es que me acabo de dar cuenta ahora, escribiendo estas líneas. Y hablándolo en voz alta: hace varios años que no compro ninguún bolso. No fue una decisión consciente. No me propuse dejar de hacerlo. Simplemente empecé a usar los míos... y ya no volví a los otros.

Recuerdo perfectamente la primera vez que salí con uno de los que había creado. La sensacion en el hombro, el tacto, lo blandito del material, la comodidad real.

No era solo bonito. Era cercano. Amable. Se adaptaba a mí. No lo sentía como un objeto, sino como algo que me acompañaba.

Y esa sensación no se quedó solo ahí.

Empecé a notarla también en las fundas de portátil, en las fundas para libros, en las tote bag... en todo lo que iba saliendo del taller.

Cositas pensadas para el día a día, sí, pero con algo más: suavidad, cercanía, ese punto de refugio que tienen las cosas bien hechas con calma.

A partir de ahí, sin darme cuenta, dejé de usar muchos de los que tenía antes.

No porque ya no me gusten.

No porque sean peores.

No porque hayan perdido valor.

Simplemente, ahora los siento distintos. Más fríos. Más rígidos. Más lejanos.

Y creo que tiene que ver con algo muy sencillo: ahora sé lo que hay detrás de cada costura. Sé cómo se elige una tela, cómo se prueba una forma, cómo se corrige una idea hasta que funciona. Sé el tiempo, la intencion y el cuidado que hay en cada creacion.

Y, sobre todo, cómo quiero sentirme cuando llevo algo o cuando lo tengo cerca.

Antes elegia bolsos que me gustaban.

Ahora me rodeo de las creaciones que me representan.

También hubo un tiempo en el que cosía bolsos siguendo libros y revistas de costura. Los hacía con ilusión, aprendiedo, probando. Me siento orgullosa de haberlos hecho. Pero casi ninguno salió del taller.

Estaban bien. Estaban correctos. Pero no eran yo.

Y ahora entiendo que ese recorrido es necesario. Tenía que pasar por ahí para encontrar mi manera de crear. Para dejar de "hacer" y empezar a "crear".

Porque hoy ya no hablo de hacer bolsos y complementos. Hablo de crearlos. 

En cada uno hay una intencion, una elección consciente, una sensación que quiero provocar.

Crear cambia la forma en la que miras las cosas. Y también la forma en la que las usas. Cuando algo nace de tus manos, la conexión es distinta. Más cercana. Más honesta. Más tuya.

Quizá por eso hace años que no compro bolsos. No porque no me gusten. Sino porque encontré algo que me representa más cerca.

Estoy convencida de que en algún momento -espero que no muy lejano- cada una de estas creaciones llegará a la persona que está buscando exactamente lo que yo creo con mis manos. Y cuando lo sienta como yo lo siento... eso sí será pura magia.

Tal vez crear no solo cambia lo que hacemos.

También cambia lo que elegimos...y cómo lo sentimos.

Y hasta aquí mi entrada de hoy.

Espero que te haya gustado.

Hasta la semana que viene.

Un besito,

Eva.

La Casita de Eva.